Autor: Nirele Flores

Torre Eiffel

7 Lecciones de vida que me dio París

Nunca, supongas nada, nada, nada. Siempre pregunta las cosas, encuentra la razón. No te hagas ideas erróneas en la cabeza creando un mundo que sólo existe para ti.

Recuperado

Cuándo perdida por las calles, moraba mi alma sin poesía, he venido a encontrarme con tus ojos, que son dorados como el sol de mi consuelo. Porque la Luna me ha recitado las rimas que había olvidado, acurrucada a tu lado; el sueño no se ha acabado. Cuándo la alegría de tenerte llegue a mi vida, y los consejos olvidados me lleven hasta tus brazos. Que los trenes no partan, hasta que estemos juntos. Cuándo el idioma no sea una barrera, y los corazones nuestra lengua. Que Dios conserve todas nuestras dichas. Porque en él, he venido a encontrarte. Porque en ti, lo he encontrado.

Algún Día

Algún día estaré en todos lados. Mi nombre estará publicado hasta en los anuncios de revista que nadie lee. Las estrellas dirán mi nombre y mis palabras serán inmortales. Ese día, te darás cuenta que me has perdido. Que por más que intentes, no podrás recuperar lo que dejaste. Que ya no vendrá el pedido que ordenamos, ni la película comenzará jamás, no esperaremos la lluvia pasar ni el llegar de la noche. Ya no habrá más estrellas de invierno. Ese día te deseo que lo sepas; lo mucho que me volviste loca, que mi vida por ti daba y que mis sueños eran tan grandes como el amor que te profesaba. Ese día te deseo que, a pesar de todo, no mires nunca atrás.

No te vayas

Todos buscamos a una persona que en algún momento de nuestras vidas nos diga no te vayas, que nos mire fijamente a los ojos, tome nuestra mano y nos susurre al oído las palabras mágicas. No tiene que ser el amor de nuestras vidas, puede incluso ser una persona de un instante, pero el momentáneo sonido de esas palabras juntas hacen que la fuerza de voluntad abandone el cuerpo y todo se resuma a esa realidad.

Crónicas de Metro: La llamada

Ascendió en Opéra. Se sentó en la esquina del vagón. Vestía un pantalón holgado de mezclilla, una camiseta netra, un sweter gris y una gorra para ocultar su descuidado cabello. Apenas se sentó sacó su celular. Era un día especial, quería darle una sorpresa. Encendió la cámara frontal, acomodó el aparato de forma horizontal, presionó el botón de grabar y empezó a hablar frente a la cámara. Estiró su brazó para que pudiera salir todo el mensaje en la toma, para que las señas se distinguieran bien. Transimitó el mensaje completo, letra por letra, seña por seña. “Hola mamá, me gustaría estar ahí contigo, celebrar este día a tu lado, pero seguro lo estás disfrutando con mis hermanos. Estoy bien, el trabajo está bien y estoy aprendiendo mucho. Espero que algún día puedas visitarme y conocer la ciudad juntos. Hasta entonces, te mando un gran abrazo. ¡Feliz cumpleaños! Sus ojos se cristalizaron mientras grababa. Dejó de utilizar el lenguaje de señas y puso stop a la grabación. Todo está bien se repetía así mismo mientras …

Poema | Perdido

Y si te he perdido, en la sombra hallaré consuelo. Una vez de ti me enamoré hace ya tanto tiempo, que ya no lo recuerdo. Tal vez algún día te extrañe, tal vez algún día de olvide. Es el silencio de tu boca lo que carcome, son las palabras de tus ojos las que perduran. La media noche llega con el alma que perdí, y entre un puñado de versos mal escritos encontré tu nombre. Una vez de ti me enamoré hace ya tanto tiempo, que fue mentira.

Metro de Lisboa

Crónicas de Metro: Comboio do Corda

Cuando levantó la mirada se encontró con sus ojos verde mar. Él la observaba desde el vagón contrario hacia São Sebastião. En ese momento se dio cuenta, cuando le sostuvo la mirada a través del cristal de la ventana, que él estaba sintiendo lo mismo. La pregunta resonaba entre el espacio que los dividia, pero ninguno se atrevió a responderla. “Si tan sólo hubiera más tiempo”, se recordó así misma como quien sostiene una falsa responsabilidad. Ahora con la maleta bajo el brazo y su último boleto de metro en la mano, le sonrió. Ninguno hizo ademán de moverse cuando las puetas empezaron a cerrarse. Ella escapaba y él no la seguía. Cada uno iba hacia un destino diferente. Antes de que el vagón avanzara él alcanzó a devolverle la sonrisa. Fue lo último que ella lo vio desaparecer cuando el metro se encaminó rumbo al aeropuerto. El sueño había terminado.