De Maestros
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5 poemas de Pita Amor

Poemas de Pita Amor

Esta semana, durante la clase de Poesía en mi Maestría, me di cuenta que de la escasa —casi nula— presencia femenina en los libros de estudio asignados para el curso. No fue sorpresa, ya que, como podemos adivinar, es un problema que abunda en diversos campos. Y no es que no exista la presencia de mujeres talentosas, sino, que hemos vivido excluidas muchas veces. Es normal encontrar una antología poética de puros hombres, pero ni pensar en una antología meramente femenina porque sería excluirlos a ellos.

Entonces me puse a pensar, una mañana con té verde en la mano, en lo triste que sería la vida sin la poesía femenina; sin esas poetas mujeres que tomaron la pluma, gritaron al cielo y expusieron su rima. Por eso, quiero llenar este espacio de más poesía femenina y hoy, en este lindo día miércoles, empiezo con el amor de Pita.

Como los rieles del tren

Como los rieles del tren,
unidos y separados
pero siempre sentenciados
a llegar tarde al andén

Como el constante vaivén
del tren por los encrespados
cerros grises levantados,
mi amor y el tuyo también

corren paralelamente
corren fugitivamente
corren juntos, divididos

separados, pero unidos
corren hasta el mar quebrado
mar sin olas, desolado.

Décimas a Dios (III)

Yo siempre vivo pensando
cómo serás si es que existes;
de qué esencia te revistes
cuando te vas entregando.
¿Debo a ti llegar callando
para encontrarte en lo oscuro?,
o ¿es el camino seguro
el de la fe luminosa?
¿Es la exaltación grandiosa,
o es el silencio maduro?.

Letanía a mis defectos

Soy vanidosa, déspota, blasfema;
soberbia, altiva, ingrata, desdeñosa;
pero conservo aún la tez de rosa.
La lumbre del infierno a mi me quema.

Es de cristal cortado mi sistema.
Soy ególatra, fría, tumultuosa.
Me quiebro como frágil mariposa.
Yo misma he construido mi anatema.

Soy perversa, malvada, vengativa.
Es prestada mi sangre y fugitiva.
Mis pensamientos son muy taciturnos.

Mis sueños de pecado son nocturnos.
Soy histérica, loca, desquiciada;
pero a la eternidad ya sentenciada.

Viejas raíces empolvadas

Son mis viejas raíces empolvadas
la extraña clave de mi cautiverio;
atada estoy al polvo y su misterio,
llevo ajenas esencias ignoradas.

En mis poros están ya señaladas
las cicatrices de un eterno imperio;
el polvo en mí ha marcado su cauterio,
soy víctima de culpas olvidadas.

En polvorienta forma me presiento
y a las nuevas raíces sobresalto
he de legar, con mi angustioso aliento.

Mas conquistando el aire por asalto,
nada tengo que ver con lo que siento,
soy cómplice infeliz de algo más alto.

Vi en el espejo

Vi en el espejo un personaje raro
un pájaro de sombras taciturno,
del polaco Chopin, oí un nocturno
y vendí mi reloj a un viejo avaro

Tu traje oscuro, que costó tan caro
las refulgentes luces de Saturno
el comandante que cambió de turno
y la niña que juega con el aro

Un telegrama que me ha enviado Emilio
y yo pidiéndole al demonio auxilio
las tabernas de vinos asesinos

los burdeles de vicios clandestinos
los imanes, las grises cerraduras…
También las misteriosas cerraduras.

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