Luna Errante
Dejar un comentario

El Tabú del Amor Propio

Ixtapa Zihuatanejo

Hace poco me embarqué en un viaje interno que me hizo concretar varios deseos, sentimientos, pensamientos y teorías. Pero más importante, me hizo recapacitar sobre la manera en cómo nos tratamos a nosotros mismos y —más importante—, sobre la manera en cómo me trato a mí misma.

Durante los últimos dos años me había encerrado en una clase de caparazón que no permitía que los sentimientos fluyeran de ninguna manera. Me envolví en un velo traslúcido que dejaba ver cómo me sentía y sin embargo me nublaba la vista. Así viví bajo ese velo durante mucho tiempo; tratando de convencerme a mí misma que estaba bien, que ya había olvidado y sanado. Me obligué a permanecer ocupada, a cargarme de trabajo e incluso aceptando labores extra o buscando constantemente nuevos pasatiempos. A pesar de que realmente no quería estar con alguien, siempre trataba de estar acompañada; no soportaba estar sola con mis pensamientos. Hice y deshice en mi vida, viajé, volví a estudiar, traté de retomar viejos hobbies, busqué nuevos pasatiempos y proyectos… hasta que estallé.
Llegó ese momento crucial en el que me hastié de todo. Oír el sonido del celular me causaba ansiedad. No quería convivir con nadie y sin embargo la obligación de tener que ver a las personas me cansaba. Viví una emoción tras otra y ni siquiera tuve la precaución de tratarlas; se acumularon las vivencias, ideas, traumas y pesadillas. Todo se mezcló en una depresión.

Fue así, en medio de todo mi caos, que decidí romper todo. Harta de mi ansiedad, pensamientos, hostigamiento y depresión, decidí que lo que necesitaba era desconectarme totalmente, hacer un punto y a parte en mi vida. Así lo hice. Hice una de las cosas que mejor sé hacer en la vida: viajar. Pero no fue cualquier viaje.

Tomé la decisión de ponerle un punto a lo que estaba viviendo y tener un espacio y momento sólo para mí. Así que opté por viajar a un lugar al que no hubiera ido antes, totalmente sola y sin decirle a alguien. Sólo así, con ese compromiso interno, superé mi ansiedad cada vez que sonaba el teléfono.

Entonces viajé a Ixtapa, Guerrero. Me fui dos semanas, de las cuales la primera desaparecí totalmente. Cerré mis redes sociales y no contesté el celular más que a mis padres. Tuve silencio para mí, para estar conmigo misma. Descubrí en este tiempo que uno tiende a tener miedo de amarse así mismo, y sin embargo es la mejor aventura que uno puede hacer, como dijo Oscar Wilde.

El único común denominador en mi viaje fue encontrar personas sorprendidas ante mi decisión de viajar sola. Asumo que parte de esto es la inseguridad que actualmente vivimos —especialmente siendo mujer en México—. Pero, también creo que detrás de ese asombro, hay una inseguridad interna, un temor ante algo que nunca se ha hecho. Me encontré con varias personas que me comentaron siempre habían querido viajar solas, pero por miedo no lo hacían; por miedo a no saber qué hacer, a perderse, a aburrirse, o incluso a estar consigo mismas.

Desde niños se nos ha enseñado a socializar. Somos criaturas naturalmente sociales y se nos ha educado e invitado a ser extrovertidos. En esta sociedad si quieres triunfar tienes que ser extrovertido y desenvolverte entre la gente. Se nos ha enseñado que debemos estar rodeados de personas y entablar lazos sentimentales, ya sea con la familia, amigos o pareja. Se nos ha orillado a ser seres dependientes de la compañía, a que para ser felices debemos de huir de la soledad. Pero yo soy del pensamiento que sola y soledad no so sinónimos.

En este viaje no sólo me dediqué tiempo a mí misma para consentirme y hacer lo que se me diera la gana, sino, que reflexioné sobre la manera en cómo me había permitido tratar en los últimos años. Me había permitido caer en la rutina, en la dependencia a la compañía, en el mito del amor romántico, en una profesión que no amaba. Me había permitido exponerme una, tras otra, a sentimientos que no quería, a situaciones que me dañaban. En este viaje entendí la importancia del amor propio, que no debemos tener miedo de nosotros mismos, ya que somos la única persona con la que llegamos a este mundo y con la que nos iremos. Si no nos amamos a nosotros mismos nadie lo hará. Si no nos consentimos nosotros, nadie lo hará. Y mejor, si no pasamos tiempo con nosotros mismos, seguiremos viviendo en una danza sin fin dictada por coreografías externas. Creo que uno nunca termina de conocerse así mismo, ya que somos seres cambiantes, pero creo que la mejor manera de intentarlo es pasar tiempo a solas. Y la aún mejor manera es atreverse a viajar sin compañía.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s