La Ridícula Idea de No Volver a Verte

A veces tengo la ridícula idea de no volver a verte

Una vez —en otra entrada de este mismo blog— escribí que hay dos tipos de libros; los que se leen una vez en la vida y los que pasan a ser una guía de vida. Bueno, pues, a mi equivocación le sumo una tercer clase de libro. Y aún no logro clasificarlo, sólo sé, que este es un caso nuevo.

Personalmente yo no creo en la casualidad o el destino. Pero sí en la sincronicidad. Y más específicamente en la Ley de Causa y Efecto, la tercera Ley de Newton es mi biblia. Entonces, las causas que me llevaron ese día a la librería fueron variadas. La sincronización que me hizo levantar la vista para ver el único libro que quedaba en el estante, fue una acción acertada.

Así encontré el libro de Rosa Montero, La Ridícula Idea de No Volver a Verte. Una novela-reportaje sobre la vida y la viudez de Marie Curie. Para unirse a la lista de sincronicidades —Rosa Montero acertadamente cuenta que la literatura está llena de ellas— me encontraba estudiando la materia de Periodismo Literario en mi Maestría. ¡Y quién mejor para acompañarme en este aprendizaje que Rosa Montero! Ella es una increíble escritora y una impecable periodista. Era la primera vez que leía una obra así, tan diversa, tan compleja. Cuando el periodismo y la literatura se unen; ahí, está Rosa Montero.

Si bien, me impresionó la calidez de su investigación periodística, debo reconocer que sus palabras fueron magistrales. Hace tanto que no me encontraba con una calidad literaria de tal magnitud, hablando en cuestiones lingüísticas. La facilidad con la que Montero te atrapa y te va llevando capítulo por capítulo es asombrosa, casi irreal.

Pero entonces, volvamos un poco a las sincronicidades que me llevaron a esta obra, las mismas que curiosamente llevaron a Rosa Montero a leer el diario de Marie Curie. Montero encontró en los diarios de Curie el aliento que le faltaba en su vida; se vio reflejada en ellos, ya que ella también había perdido recientemente a su marido. Entonces, en las palabras de Curie, quien narra con mucho cariño y entrega su viudez tras perder a Pierre, Montero encontró paz —o al menos un poco de consuelo—. Y yo, en las palabras de las dos (porque también adjunta el diario de Curie), encontré una voz interior que ya había olvidado.

Es asombroso la manera en cómo la mujer se entrega sin pensarlo, sin analizarlo, sin cuestionarse si quiera si está equivocada. Un amor desmedido, porque así nos han enseñado a amar. Nos han enseñado que si no sangra no es real. Que si el ser amado nos falta, nos falta todo y nos sumergimos en esa locura infinita de perdición hasta que llegue algún tipo de consuelo. Y no me malinterpreten, no estoy diciendo que el amor incondicional es una condición únicamente femenina. De hecho Montero reflexiona muy bien, que el hombre ama a la mujer como es, con su realidad, con sus defectos y virtudes. Sin embargo, la mujer ama no sólo lo malo y lo bueno, sino las fantasías. Porque nos empeñamos en crear una clase de ilusión de nuestro ser amado. Como sí en verdad necesitáramos, por todos los medios posibles, convertirlo en perfecto. Y es cuando la realidad azota, que duele. Aquí habla sobre eso, y sobre muchas otras cuestiones que la mujer vivencia durante un enamoramiento y peor, durante una pérdida del amante. Es un libro que retrata la realidad de una viuda, de una mujer que lamenta, que vive, que llora. Pero también es un libro de una mujer que se levanta, que gana Premios Nobel, que escribe su siguiente novela, que enfrenta al mundo público. Es un libro maravilloso.

En este libro no sólo descubrí a la mujer que fue Marie Curie, quien creció en un mundo de hombres, en un campo de hombres, y que se permitió así misma ser una mujer entre hombres —porque debo agregar que Curie no era feminista—, pero eso no la hace menos mujer. Curie fue una científica, una física, una química, una maestra, una esposa, una madre, una amante, una mujer. Fue mucho más de lo que puedan contar de ella. Y en su mundo de hombres, ella se permitió ser una mujer, tal y como le enseñaron a hacer. También en este libro encontré a Rosa Montero, una mujer fabulosa, llena de anécdotas, literatura y palabras; llena de sincronicidades. Y por último, en este libro me encontré a mí misma. Era el libro que necesitaba leer en el momento adecuado. Por eso, aún no sé cómo categorizar esta clase de libros, porque seguro no es un libro que necesite leer constantemente en mi vida, como si fuera una guía. Posiblemente si lo leo en tres años no tendrá el mismo impacto que tuvo en mí en este momento. No, este libro no es una guía de vida. Sin embargo, es un libro que leí justo en el momento que necesitaba. Que me regresó mis palabras y mi voz.

Entonces, en conclusión, solo puedo agradecer a Marie Curie y a Rosa Montero, por poner en mí las palabras que me faltaban.

Un comentario en “A veces tengo la ridícula idea de no volver a verte

  1. Agradezco a Yavhe que tus padres Allan tenido confianza en mi y nos dieran la oportunidad de coincidir en tu niñez . Gracias por tanta felicidad que nos diste en tu estancia con nosotros Yavhe te siga llevando de la mano por el camino del éxito , mi amor contigo mi hermosa Nirvis ♥️🙏

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