Luna Errante

Buscando Cuentos de Hadas, Londres

Nada fue como lo esperaba, nada realmente lo es. No recuerdo exactamente el camino que tomé para llegar ahí. Me acuerdo de un chavo que me ayudó en la calle y a un pequeño niño, tal vez su hermano menor, que le gritó mientras él me estaba ayudando: “Hey, ¿Vamos a jugar o qué?” Yo le sonreí, me disculpé por el tiempo que le había quitado y seguí caminando.

Siendo honesta, soy muchas cosas: una periodista, mercadóloga, lectora, a veces soy dibujante, otras veces soy una líder y la lista sigue, pero hay dos cosas que nunca he dejado de ser y nunca lo haré: una escritora y una mochilera. Entonces ahí estaba, en las calles de Londres a mitad del mes de mayo, con una mochila a mi espalda y un mapa en mi mano. Me encontraba buscando algo que soñé desde que era una niña. Soy la clase de chica que cree en los cuentos de hadas, y hay uno en especial que hace mi corazón latir; estaba buscando al niño que nunca creció, Peter Pan. Tiempo atrás, solía esperarlo despierta cada noche hasta que cumplí once años de edad. Él nunca pasó por mi ventana, así que me decidí a encontrarlo. 

Caminé por todo Hyde Park, donde conocí a los cisnes por primera vez en mi vida y entable amistad con las ardillas locales, que parecen una especie única que no le teme a los humanos y se acercan lo suficiente cuando creen que tienes comida. Llegué a Kensington Gardens y me perdí definitivamente. Lo bueno de Londres en mayo es el clima, el sol no quema y el frío no molesta, así que perderse en un gran parque en medio de la ciudad no es una mala idea en esta época del año. En lugar de preocuparme, decidí tomarme mi tiempo y disfrutar del lugar donde estaba. Empecé a imaginar a James M. Barrie, caminando por los mismos caminos que yo, me lo imaginé sentado en las bancas, escribiendo. ¿Qué habrá visto?, ¿Qué lo habrá motivado para acercarse a la familia Davies?, ¿Él habrá sido capaz de distinguir el preciso momento en el que vio a Peter por primera vez? No podía creer que estaba caminando en el mismo lugar donde Peter Pan nació. La magia se podía oler por todos lados.

El atardecer estaba cerca cuando encontré a mi niño. Lo encontré junto al Serpentine, alegre, carismático, lindo como siempre imaginé que sería. Estaba tocando la flauta y pequeñas hadas lo rodeaban. En ese momento, sentí una alegría inmensa, una paz interior, de esas que solo sienten los niños cuando saben que nada malo les puede acontecer, cuando aún hay inocencia en sus corazones. Realmente nunca imaginé lo que encontraría cuando me empeñé en buscarlo. Claro, encontré una estatua, pero más que eso, encontré al niño que me hace soñar desde mi infancia. Ahí estaba frente a mí, tal como lo había soñado y sin embargo, no era lo que esperaba, fue más que eso, a mis 22 años él todavía me hizo fantasear. Entonces, tomé asiento y empecé a escribir.

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